La producción de La Flauta Mágica que nos presenta Ópera 2001 es pura fantasía. Está libremente inspirada en la serie Stargate SG1, con una ambientación que fusiona el antiguo Egipto con elementos de ciencia-ficción. La escena está llena de personajes fantásticos que por el mero hecho de atravesar el umbral mágico recorren distintas épocas, desde los tiempos arcaicos con monstruos prehistóricos a la Edad Media, del arte barroco al contemporáneo, hasta llegar a seres procedentes de un futuro imaginario.
El príncipe Tamino que es perseguido por una serpiente gigante, se adentra en el bosque tratando de huir, pero ha entrado, sin saberlo, en los dominios de la Reina de la Noche. Allí llegará a un acuerdo con la Reina para tratar de conseguir la mano de su hija a cambio de que la libere del secuestro al que la tiene sometida Sarastro. Tamino, acompañado del pajarero Papageno se dispondrá a salvar a su amada, sin embargo una vez llegado al reino de Sarastro, se da cuenta que la realidad es otra y decide quedarse allí al lado de su amada y lejos de la Reina. Para quedarse y pertenecer al templo de los sabios, habrá de pasar una serie de pruebas que logrará superar.
Wolfgang Amadeus Mozart estrenó La flauta mágica en 1791, apenas dos meses antes de su muerte. A pesar de las dificultades económicas y de salud que atravesaba, dirigió personalmente varias representaciones y llegó a ver cómo la obra se convertía rápidamente en un gran éxito popular en Viena. El aria de la Reina de la Noche, Der Hölle Rache, es una de las páginas más difíciles jamás escritas para soprano. Sus famosos sobreagudos y la velocidad vocal exigida la han convertido en una auténtica prueba de fuego para las cantantes de ópera y en uno de los momentos más espectaculares y reconocibles del repertorio lírico.